
Capital de la Toscana y maravilla del Renacimiento, no en vano cuna de muchos de sus grandes creadores como Miguel Angel o Leonardo. Viajar a Florencia es recorrer lo más bello del arte clásico, imposible de abarcar en una sola escapada. Es tal la cantidad de riqueza atesorada en los muchos siglos de primacía de su mecenado, que ni para el más adicto al mundo del arte debe ser fácil comtemplar de una vez su patrimonio. Y no sólo en sus museos y galerías, hay arte en sus calles y plazas. El Palazzo Vecchio o el Palazzo Pitti, símbolos de la antigua importancia de la ciudad, el Duomo cubierto de vistosos marmoles coloreados, la cúpula de Brunelleschi cerca del límite máximo de cualquier bóveda de albañilería, la Torre de la campana de Giotto, la Basílica de San Lorenzo, las Galerías de los Medici, San Miniato al Monte... Y por supuesto pasear por sus puentes sobre el Arno, especialmente bellos, el Puente Viejo o el de Santa Trinidad


